Llego cansado después de andar por la noche de Buenos Aires en mi primer dìa de vacaciones. Y todo sigue su curso de estirar la luna hasta otra mañana de algohol, drogas, deseo.
Ceno con mi madre y mi hermana, salgo como si necesitara estar siempre un poco màs arriba de lo que la realidad me ofrece. Mi amigo tiene un kiosco abierto hasta la madrugada. Yo tomo una birra helada en el calor de un deposito de mercaderías y freezers que te recalientan el cerebro. Agarro la bici, me acuerdo de que un primo mìo abrió un bar hace unos meses y caigo caundo ya no quedan mesas en la vereda de una calle céntrica. “Que vàs a tomar?”, dice. Està cansado de los borrachos y la muscia alta, de servir a los demás. Yo miro las botellas ordenadas prolijamante en unas estanterías con fondos de espejos muy coquetos. La botella de Jack Daniel’s se transforma en un talismán en medio de piedras con formas ordinarias. Me tomo cinco y en el cuarto estoy charlando con un tecladista de una banda de cumbia que hacìa años no veìa. Èl no me cree todo lo que le digo pero no entiende que la primer banda que yo vì en vivo no fueron los Stones o Sumo, o la que sea. Yo me quedaba mirando al baterista que tocaba hace muchos años en su banda. Era un salvaje y tengo recuerdos muy claros de esos bailes llenos de gente moviendoze hasta la madrugada mientras la banda hacìa sus entradas y yo corrìa para sentarme en una escalerita al costado del escenario…hipnotizado.
miércoles
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